Robbie Williams: "Después de los 40 dejas de ser un pop star"

Luego de años turbulentos y de una carrera musical casi en pausa, el cantante británico Robbie Williams vuelve con un disco que promete marcar un antes y un después. Cambió las drogas, las fiestas y las peleas con los Gallagher por los pañales de su hija. Su reencuentro con Take That.
 

Todo lo que sube, baja», dice un dicho popular. Y tener 6 discos en el Top 100 de los más vendidos de todos los tiempos o figurar en el libro Guinness por haber vendido 1.6 millones de entradas en un día, no le dieron inmunidad a Robbie Williams. Estaba en la cima del mundo, abundaban el éxito y el dinero, y con ellos llegaron las drogas que hicieron nido en su vida. Sus trabajos dejaron de ser el furor al que él estaba acostumbrado, y una época que podía haber sido considerada simplemente como «mediocre», sumado a su desbarranco emocional resultaron dinamita. Robbie no quería saber nada con nada ni con nadie. No quería saber nada ni siquiera consigo mismo.
Según otro dicho, hay gente que puede «resurgir como el Ave Fénix». Ése también aplica a Williams. Después del tibio lanzamiento de «Rudebox» en 2006 y de una internación en rehabilitación en 2007, poco se supo del británico que había comenzado el siglo como una de las indiscutibles megaestrellas de la década. «Reality Killed the Video Star» en 2009 no lo agarró en su mejor momento y se notó. Recuperado de sus adicciones, casado y con una pequeña hija, Teddy, de casi 2 meses, acaba de lanzar su noveno disco, «Take the crown».

–¿Qué capítulo de tu carrera se lleva tu nuevo álbum?
–Este punto es muy importante para mí, para tener un panorama de dónde estoy ubicado en el mapa dentro de la cultura popular y del pop. No suele haber estrellas pop de más de 40 años y yo ya estoy cerca. Después de los 40 dejás de ser un pop star y te convertís en un viejo que canta. Por algún motivo no les di muchas chances a mis últimos dos álbumes. Quisiera que este último, al menos, sea más duradero, que se mantenga en el Top 5 o Top 10 por lo menos el mismo tiempo que «Escapology» (2002) o «Intensive care» (2005). Este disco me va a dar la pauta de dónde estoy, todavía tengo muchos caminos por recorrer para hacer diferentes cosas. Quiero seguir trabajando, hay más tela por cortar, pero mis próximos movimientos dependerán de cuánto influya este disco. Está bueno ser exitoso, pero a veces me pregunto si el éxito no se terminó. Hay noches en las que no duermo, sufro de un insomnio totalmente innecesario si tengo que ser sincero, porque en realidad no importa, porque todo está bien y la vida es hermosa. Pero este álbum es muy importante para mí y creo que va a definir el resto de mi vida.
–Llega en un momento en el que comenzaste una familia, así que éste será también un momento definitorio en la vida de tu hija Teddy…
–¡Sí! Aunque no es que vaya a recordar demasiado tampoco… Disfruto de ser padre y no tengo muchos motivos para estar lejos de ella. Pero tampoco los tengo para tener más hijos, formar un nido y convertirme simplemente en «Papi». Podría hacer un álbum swing o un musical o una película. Mis próximos movimientos dependen de este disco, si no hago nada o si vuelvo a Take That. Es un lugar muy lindo y de mucho miedo a la vez, por un lado quiero tener la certeza de que el disco será un éxito, pero también lidiaré con el hecho de que no lo sea si eso es lo que sucede. Y eso también estará bien. Me siento un tipo muy afortunado.
Montaña rusa emocional. Cuesta un poco imaginarlo cantando canciones de cuna después de haberlo visto en piel y huesos en «Rock DJ» durante uno de sus momentos de mayor apogeo (y también de descontrol). «Durante la filmación me pasé todo un día semidesnudo entre un grupo de modelos, algo que era parte del curso natural de mi vida de ese momento», recuerda. Pero esas épocas quedaron muy lejos de la llegada de la pequeña Theodora Rose, fruto de su matrimonio con la actriz Ayda Field, con quien se casó en 2010 después de 4 años de relación.
Su carrera y su vida personal siempre fueron una montaña rusa de emociones y él no tiene ningún problema en admitirlo. «‘Angels’ fue la canción que me abrió las puertas e impidió que me bajaran de la compañía disquera. Había salido un álbum que había vendido 40 mil copias, cosa que para alguien que había estado en Take That, no era bueno. Si yo hubiera sido el dueño del sello, yo también me hubiera dejado de lado», analiza a la distancia. Pero después salió «Angels» y su carrera dio un giro, el tema marcó un antes y un después. «No escribí una canción que fuera tan significativa para el pop desde entonces, pero tampoco lo ha hecho mucha gente, ¿no?».
–Se habló mucho en la prensa acerca de tu relación con los hermanos Gallagher. ¿Cuál es la verdad sobre ese tema?
–Amo a Oasis, era un gran fanático de su música, de su energía y de lo que transmitían, y resulta que los conocí y vagabundeamos juntos un tiempo. Creo que yo no era de su estilo, así que dejamos de pasar tiempos juntos, tan simple como eso. Pero fue genial porque ellos eran lo más grande del planeta en ese momento y su música tenía una fuerza impresionante. Fueron nuestros Beatles por un año y medio. Fue una época turbulenta, pasada de revoluciones con consumo de sustancias varias, modelos, trasnochadas de rock and roll, ¡toda buena diversión! Todas cosas que tenés que hacer, cosas que yo tenía que hacer y que las hice a mis jóvenes 20 años.
–¿Cuál era tu círculo de amigos en ese momento? Porque cuando te fuiste de Take That saliste de un grupo de gente muy cerrado, supongo que mientras estuviste con ellos, todo estaba tan controlado que quizás ni siquiera hacías amistades…
–Yo dejé la escuela a eso de los 16 y en seguida me fui a Take That. Esa etapa, de los 16 a los 20, son años de formación en los que aprendés a ser un hombre y desarrollás amistades que se supone que son para toda la vida. Afortunada y desafortunadamente yo en esa época viajé por todo el mundo y de alguna manera perdí mis raíces. Y después, cuando dejé Take That, fue todo un tema, porque la banda era como un lugar en el que me sentía seguro. Y de golpe me encontré en un lugar muy, muy inseguro. Estaba en Londres buscando amigos y, básicamente, todo lo que encontré en ese momento fueron compañeros de drogas. Y no lo digo señalando con el dedo a nadie, porque yo también era un compañero de drogas para ellos. Entonces, tenía conocidos y gente con la que me cruzaba, pero no los llamaría amigos ni ellos tampoco a mí. Iba de una fiesta a la otra, y por un lado disfruté bastante de eso, pero por el otro fue lo que me llevó a rehabilitación. Merodeaba por los bares, iba de una fiesta post show a otra, y no era una persona muy confiable ni me relacionaba con gente muy confiable tampoco. Y la siguiente parada para todos era la rehabilitación.
–Y ese es un lugar bastante solitario, ¿no?
–Sí, supongo que sí, pero por lo que tengo entendido los 20 son una época solitaria para mucha gente. Durante gran parte de tu vida te dicen: «no podés comer esa torta», y de golpe podés comer toda la torta que querés y te encontrás diciendo: «ya comí demasiado, ¿pero quién me va a parar de seguir comiendo?». Y eso puede cagarte la vida. Estás tratando de descifrar quién sos sin la guía de tus padres. Y los 30, o al menos mis 30, fueron el momento en el que empecé a encarar mi vida como propia. Hay un montón de puntos en común entre los que estuvimos en una «boy band». Con suerte salimos vivos de eso, pero no significa que todos lo logren. Si tenés suerte, te toca estar en una de las bandas exitosas. Pero hay un límite para eso porque todo el tiempo te dicen: «esto no va a durar para siempre», y lo que a mí me pasó es que yo tomé ese «esto no va a durar para siempre» en mi carrera de solista también. Entonces cada año que pasaba, así estuviera en el puesto número 1, siempre estaba esperando meter la pata y caer en desgracia.
–¿Cómo te sentiste cuando viste que los chicos de Take That volvían a juntarse?
–Eh…, en un principio me alegré, pensé «qué bien». Estaba feliz por ellos aunque de una manera condescendiente, para ser sincero. Al tiempo recibí la noticia de que habían vendido 275 mil entradas y dije: «¿qué?, ¿de verdad?». Y después llegó el final de mi tour del 2006, que fue cuando se me salió la cadena en relación a mi salud y estabilidad mental, y ellos empezaron a ascender. Yo había lanzado «Rudebox», que fue bastante criticado y ellos estaban teniendo una oportunidad para dar una buena batalla y lo estaban haciendo. Una gran parte de mí estaba muy feliz por ellos, pero un costado horrible de mí decía: «paren, hace dos minutos yo era lo más grande del mundo y todo el mundo me amaba, y ahora nadie me quiere y los quieren a ellos, esto no está bueno». Se mezclaban muchas cosas, orgullo por ellos pero también un poco de miedo por mí mismo.
–Lo más fácil para vos hubiera sido decirles que querías ser parte de eso…
–No, no, no. La realidad es que en esa época no quería saber nada con nada. No quería estar en el mundo de la música, no quería tener una carrera pop, quería terminar con Robbie Wiliams, quería que se terminara todo. Estaba quemado, harto de todo, enfermo, otra vez en rehabilitación pensando en cómo todo esto me estaba afectando. Creo que mucha gente vive eso con sus carreras, esa combustión intensa y después el terminar de quemarse, el no dar más. Muchos artistas coquetean con la idea de retirarse jóvenes pero después vuelven, y yo pensé: «no voy a decir públicamente que me retiré por si me arrepiento». Pero desde 2006 hasta 2009 me retiré. Ahí estaba yo: engordando, con la barba crecida, buscando OVNIS; y los Take That con sus álbums, tours, etcétera. Después vinieron a Los Ángeles a mezclar «The Circus» y estuve a punto de no ir ni a saludarlos. Fue mi esposa la que me dijo que atravesara esa barrera, porque el tema no era personalmente con ellos ni nada, el problema era que yo no quería saber nada con nadie. Finalmente fui al hotel y a la noche siguiente vinieron a mi casa y tuvimos una conversación muy a corazón abierto y resolvimos todo en un instante. Después tocaron para mí y fue abrumador por lo bien que sonaba, y los miré y vi a cuatro tipos que disfrutaban el uno con el otro. En ese momento dije: «ok, quiero volver a ser una estrella pop pero quiero ser una estrella con ustedes». Lamentablemente tenía un álbum que promocionar, que era «Reality Killed the Video Star». Pasé de querer a estar con los Take That, a tener que volver a casa para promocionar un álbum que, en realidad, no quería promocionar. Quería estar bajo el ala de la banda, a salvo con los chicos.
–»Progress», el disco que después hicieron todos juntos, tuvo un gran recibimiento. Esto demostró que las dos entidades pueden funcionar por separado y juntas. ¿Ése será el futuro de ustedes?
–Sí, definitivamente. Eso espero al menos, ojalá tengamos permitido ir y venir y que el público y los fans lo acepten. Estoy seguro de que a esta historia todavía le quedan algunos capítulos. Y para ser sincero, me divierto más en la banda que como solista. Tengo que remarla bastante más estando solo. Se trata únicamente de mí, cosa que disfruto, obvio. Pero por otro lado, con los chicos siento la tranquilidad y la diversión. Me gustaría hacer las dos cosas, sería una combinación perfecta.